domingo, 30 de marzo de 2008

En nombre de Dios y de Marx se han hecho toda suerte de perversidades y se continuaran haciendo.

Jaime Corena Parra. La Vela (Falcón), Marzo de 28 de 2008.



En nombre de Dios y de Marx se han hecho toda suerte de perversidades y se continuaran haciendo.
En nombre de Dios.
Algunas sagradas autoridades hicieron en nombre de Dios las cruzadas bélicas que cobraron la vida de millares de personas. En nombre de Dios la misma familia de autoridades sagradas hizo la inquisición terrenal, que persiguió como enemigos de la Fe a millares de personas hasta asesinarlas. George W. Bush en nombre de Dios ordenó junto a Blair y Aznar guerra criminal contra el pueblo de Irak.
Semejantes actos de barbarie tuvieron un elemento común, el cual consistió en utilizar la alta envestidura de una autoridad para actuar y matar políticamente en nombre de Dios.
El general Baduel, que no ha participado de ningún acto de barbarie, dice hoy que él es un iluminado por Dios, elegido para defender los sagrados intereses de la nación, que Chávez pone en peligro. Y con esa predica se convierte en figura de la contrarevolución.

En nombre de Marx.
Lo mismo ocurrió con Marx. En su nombre, usado como escudo, altos jerarcas de varios partidos revolucionarios persiguieron y mataron a centenares de militantes adversos a su línea de pensamiento y acción. Y sigue ocurriendo, hoy a principios del siglo XXI, en el curso de esta Revolución Bolivariana de Venezuela y de la ecuatoriana y la boliviana, algunas autoridades de menor rango, pero muy cercanas a autoridades políticas de mayor envestidura, a nombre de Marx, quieren imponer sus posturas, descalificando a otros que no piensan como ellas, quizá para imponer su producto que tiene poca elaboración. Ello trae como consecuencia fractura de las fuerzas revolucionarias y agrietamientos en el proceso por los cuales penetra la acción calculada del gran capital.
El uso indebido y abusivo del nombre de Marx adquiere la característica de tragedia. Quien eso hace, dice que lo hace a nombre de su obra. Argumenta que su actuación está orientada por el marxismo, que a su vez eleva a la categoría de ciencia llena de verdades absolutas, cuando el mismo Marx decenas de veces dijo que él solo estaba proponiendo una teoría de desarrollo crítico de la sociedad para impulsar su transformación y no formulas mágicas y absolutas. Y ese eso lo que Lenin reconoce de Marx en su obra el Estado y la Revolución. Pero además, Marx no elaboró teoría para la situación actual, para la construcción socialista, no vivió experiencias y reflexiones en la línea del paso del tiempo que lo pusieran a elaborar al respecto. Marx como todos los seres humanos que producen teoría se movió dentro de unos límites. Entonces por qué actuar en su nombre cuando se trata de hacer propuestas para transitar al socialismo.

Los límites de la teoría de Marx.
Sin duda Marx y Engels hicieron una implacable, profunda y correcta crítica al mundo del capital y llamaron a sustituirlo revolucionariamente por la sociedad sin clases como alternativa para liberar el trabajo asalariado de la explotación, la alienación y la enajenación. Ellos no pudieron ver la reproducción ulterior del capital y en consecuencia no profundizaron sus críticas.
Para avanzar hacia la sociedad sin clases propusieron pasar por un periodo de transición: el socialismo, del cual poco elaboraron. Además, excepto lo que pudieron ver de la Comuna de Paris, pocas referencias tuvieron para decir cómo construirlo. No fueron magos. El Che (apuntes críticos a la economía política, página 7, edición conjunta de Ocean Pres, centro de estudios CHE GUEVARA y editorial de ciencias sociales, La Habano, 2006), señala: (…) Marx….entrevió ese periodo llamado socialismo, al que no dedico mucho tiempo, pero en la Crítica del Programa de Gotha, lo describe como un sistema donde ya están suprimidas una serie de categorías mercantiles, producto de que la sociedad completamente desarrollada ha pasado a la nueva etapa.
Como dice el Che (página 25, obra citada) algunas afirmaciones de Marx y Engels no fueron sancionadas por la práctica, sobre todo, el lapso previsto para la gran transformación de la sociedad resultaba corto.
De ahí que le corresponda a otras generaciones, la de la construcción del socialismo, elaborar la teoría de ese gran periodo de la historia humana, que ahora se reabre en América Latina y el Caribe, después de que los plumíferos del capital ante la caída del llamado socialismo soviético, declararon que la historia socialista había terminado.

Más allá de Marx: la construcción socialista en Venezuela.
Luego de conocer la experiencia incipiente de Lenin y los Bolcheviques y la del PCUS dirigido por Stalin en el intento de construir el socialismo, sabemos que ellos no tuvieron muchos referentes para hacerlo. Solo tenían como pauta la corta experiencia de la Comuna de París. Y pasaron por alto el manantial de enseñanzas prácticas socialistas que todavía tienen algunas comunidades indígenas.
Hoy contamos con un mayor número de referentes para construir socialismo, pero aún así no podemos pasar a desarrollarlo por decreto, como un acto único. Ciertamente, tenemos a disposición las críticas de Mariátegui, Gramci, Luckas, Trostski, Korsch, el Che, Fidel y Mészáros a la construcción socialista para apoyar nuestros propios intentos en esa dirección, pero principalmente con la práctica incipiente de núcleos de trabajadores venezolanos que aprenden en la práctica sobre gestión socialista y con las enseñanzas de las comunidades indígenas.
Pero aún así, debemos estudiar en profundidad la particularidad de la construcción socialista en Venezuela, inserta ahora en un estadio, donde el capitalismo domina sobre el incipiente socialismo y donde el viejo Estado no muere y el nuevo no termina de nacer. Estamos viviendo una autentica hibridación y de ella hay que salir aplicando un plan razonado en un país y una región asediadas por el gran capital bajo diferentes formas de guerra.
La construcción socialista es un proceso largo como lo reconoció el Presidente Chávez en su alocución en la Amazonía brasilera, el día 27 de marzo de 2008. Proceso que será atravesado por la conciencia y la organización socialista de masas o no será.
Ya sabemos cuánto costó políticamente el intento de introducir medidas socialistas progresivas en la vida venezolana por medio de la reforma constitucional. Por ello la cháchara jactanciosa, (expresión utilizada por Mao para hablar de los charlatanes del socialismo), de quienes hoy proponen pasar a la etapa última de la revolución socialista por decreto, aboliendo las categorías mercantiles de golpe, incluso aboliendo desde ya la misma idea de los salarios en las fabricas socialistas apenas en proceso de incubación, suena a baratija ridícula.
Y más ridículo aún es, que quien eso proponga lo haga acusando a nombre Marx, a quien no lo asuma, de ser de derecha. Igual cabría decir de esa mismísima postura, que quien propone, es agente infiltrado inconsciente del capital, interesado en precipitar, quien sabe con cual fin, la aventura de una guerra de movimientos no preparada.

¿Estamos por la abolición del régimen del trabajo asalariado?
Por supuesto que sí, pero como lo indican Marx y Engels en el manifiesto comunista, a través de una marcha progresiva, realizada en la profundización de la Revolución Bolivariana de Venezuela.
En su corto paso por la gestión de la revolución socialista en Cuba, el Che, llamó a introducir nuevas categorías a la construcción de la economía política y su estudio, que en 1965, al criticar los manuales de economía de la URSS, señaló que no existían. Pero ello demanda, valga reiterarlo, aplicar un plan cuidadosamente elaborado, lo que significa no jugar a los dados. El Che no pudo desarrollar su idea a fondo, aunque hoy se retoma en Cuba. Los cubanos continúan aprendiendo sobre construcción socialista.
El che (pagina 11, obra citada) excusa a la sociedad soviética de los errores cometidos en la construcción socialista, porque fue la primera experiencia en tal dirección. Cuba ha hecho a través de mismo Fidel evaluación de sus errores, que podrían hacer reversible la revolución (discurso de Fidel en la universidad de La Habana, noviembre de 2005). Nosotros ya no podemos cometer errores de apresuramiento o jugar a la improvisación o al pragmatismo inconsistente a nombre de la arrogancia o la autoridad jerárquica al intentar construir socialismo.
Por ello sugerimos afinar la orquesta al elegir la dirección de nuestros movimientos. Sugerimos a los trabajadores avanzar, entre otras, en tres direcciones sobre las cuales introducir progresivamente el socialismo y sus categorías:
• La participación en la toma de decisiones fundamentales de la vida de la fábrica y el país. Lo que implica de hecho introducir socialmente nuevas categorías de la economía política, la planeación, registro contable, distribución y control de la producción, y generar conciencia socialista mediada por la práctica de los trabajadores convertidos en Consejos de poder revolucionario.
• Reducir la división social del trabajo y cambiar la estructura jerárquica del poder (Mészáros) de las empresas y las diferencias en la escala de remuneraciones y el uso de los conocimientos. La fábrica se convierte en una aldea del conocimiento universal y del compromiso revolucionario. Lo que también implica introducir nuevas categorías de la economía política y generar conciencia socialista mediada por la practica
• Retroalimentar con la crítica el proceso de construcción de la economía socialista y de los Consejos de trabajadores y de su confrontación con su antagonista capitalista en el hibrido de la Venezuela que habita en el contexto ALBA.
En el contexto del ALBA surgirán nuevas condiciones de intercambio de productos y una nueva moneda. El papel del dinero se redefinirá, Y por supuesto, progresivamente irá desapareciendo el trabajo asalariado. De todo ello aprenderemos mucho de las comunidades indígenas.

Responsabilidad ética. No actuar a nombre de Marx.
Lo que se intente hoy hacer por parte del sistema teórico-práctico de los trabajadores para construir el socialismo en Venezuela o Suramérica, no se debe hacer tomando el nombre de Marx como pancarta, ese solo hecho no garantiza que lo que se proponga sea de verdad socialista, más aún cuando se sabe que aún está en elaboración la teoría de la transición al socialismo y su economía política.
Hay que tener más valentía revolucionaria y científica para intentar construir el socialismo en nombre de la teoría crítica del desarrollo socialista actual, que no borra la crítica de Marx al mundo del capital, sino que la asume, porque busca sentar las bases para que la humanidad marche hacia la sociedad sin clases. Pero que dialécticamente significa crear nuevos cuerpos de conocimientos de la teoría del desarrollo socialista. Que ya no serán de Marx, aunque él haya sido pionero.
No más trucos a nombre de Marx para ocultar propuestas ligeramente elaboradas, por ejemplo, la de eliminar ya los salarios como hecho, categoría en la Venezuela de Hoy, porque si no se hace así estaremos en la derecha o el reformismo. Los cubanos no han podido hacer eso en cincuenta años de revolución socialista y no se les puede acusar de ser de derecha. La eliminación del trabajo asalariado implica que la sociedad está cerca del inicio de la sociedad sin clases.
¿Por qué tanto afán en proponer la eliminación de los salarios para las industrias nacientes?

Próxima reflexión: en nombre del marxismo-leninismo.
El sectarismo es directamente proporcional a la precaria formación política e inversamente proporcional a la escasa participación en el desarrollo del movimiento obrero. Federico Engels en carta a Federico Bolte.
Cabe decir del dogma y la pancarta lo mismo.

martes, 11 de marzo de 2008

CONTRA EL LIBERALISMO




7 de septiembre de 1937

Mao Tse-Tung


Estamos por la lucha ideológica activa, pues ella es el arma con que se logra la unidad interna del Partido y demás colectividades revolucionarias en beneficio del combate. Todos los comunistas y revolucionarios deben empuñar esta arma.

Pero el liberalismo rechaza la lucha ideológica y propugna una paz sin principios, dando origen a un estilo decadente y vulgar, que conduce a la degeneración política a algunas organizaciones y miembros del Partido y demás colectividades revolucionarias.

El liberalismo se manifiesta en diferentes formas:

A sabiendas de que una persona está en un error, no sostener una discusión de principio con ella y dejar pasar las cosas para preservar la paz y la amistad, porque se trata de un conocido, paisano, condiscípulo, amigo íntimo, ser querido, viejo colega o viejo subordinado. O bien buscando mantenerse en buenos términos con esa persona, rozar apenas! el asunto en lugar de ir hasta el fondo. Así, tanto la colectividad como el individuo resultan perjudicados. Este es el primer tipo de liberalismo.

Hacer críticas irresponsables en privado en vez de plantear activamente sugerencias a la organización. No decir nada a los demás en su presencia, sino andar con chismes a sus espaldas; o callarse en las reuniones, pero murmurar después. No considerar para nada los principios de la vida colectiva, sino dejarse llevar por las inclinaciones personales. Este es el segundo tipo.

Dejar pasar cuanto no le afecte a uno personalmente; decir lo menos posible aunque se tenga perfecta conciencia de que algo es incorrecto; ser hábil en mantenerse a cubierto y preocuparse únicamente de evitar reproches. Este es el tercer tipo.

Desobedecer las órdenes y colocar las opiniones personales en primer lugar; exigir consideraciones especiales de la organización, pero rechazar su disciplina. Este es el cuarto tipo.

Entregarse a ataques personales, armar líos, desahogar rencores personales o buscar venganza, en vez de debatir los puntos de vista erróneos y luchar contra ellos en bien de la unidad, el progreso y el buen cumplimiento del trabajo. Este es el quinto tipo. Escuchar opiniones incorrectas y no refutarlas, e incluso escuchar expresiones contrarrevolucionarias y no informar sobre ellas, tomándolas tranquilamente como si nada hubiera pasado. Este es el sexto tipo.

Al hallarse entre las masas, no hacer propaganda ni agitación, no hablar en sus reuniones, no investigar ni hacerles preguntas, sino permanecer indiferente a ellas, sin mostrar la menor preocupación por su bienestar, olvidando que se es comunista y comportándose como una persona cualquiera. Este es el séptimo tipo.

No indignarse al ver que alguien perjudica los intereses de las masas, ni disuadirlo, ni impedir su acción, ni razonar con él, sino dejarle hacer. Este es el octavo tipo.

Trabajar descuidadamente, sin plan ni orientación definidos; cumplir sólo con las formalidades y pasar los días vegetando: "mientras sea monje, tocaré la campana". Este es el noveno tipo.

Considerar que se ha rendido grandes servicios a la revolución y darse aires de veterano; desdeñar las tareas pequeñas pero no estar a la altura de las grandes; ser negligente en el trabajo y flojo en el estudio. Este es el décimo tipo.

Tener conciencia de los propios errores pero no intentar corregirlos, tomando una actitud liberal para consigo mismo. Este es el undécimo tipo.

Podrían citarse otros tipos más, pero los once descritos son los principales.

Todas éstas son manifestaciones de liberalismo.

En una colectividad revolucionaria, el liberalismo es extremadamente perjudicial. Es una especie de corrosivo, que deshace la unidad, debilita la cohesión, causa apatía y crea disensiones. Priva a las filas revolucionarias de su organización compacta y de su estricta disciplina, impide la aplicación cabal de su política y aleja a las organizaciones del Partido de las masas que éste dirige. Se trata de una tendencia sumamente perniciosa.

El liberalismo proviene del egoísmo de la pequeña burguesía; éste coloca los intereses personales en primer plano y relega los intereses de la revolución al segundo, engendrando así el liberalismo en los terrenos ideológico, político y organizativo.

Los adictos al liberalismo consideran los principios del marxismo como dogmas abstractos. Aprueban el marxismo, pero no están dispuestos a practicarlo o a practicarlo cabalmente; no están dispuestos a sustituir su liberalismo por el marxismo Tienen su marxismo y también su liberalismo hablan del marxismo pero practican el liberalismo el marxismo es para los demás y el liberalismo para ellos, mismos. Llevan ambos en su bagaje y encuentran aplicación para uno y otro. Así es como funciona el cerebro de cierta gente.

El liberalismo constituye una manifestación de oportunismo y es radicalmente opuesto al marxismo. Es negativo y, objetivamente, hace el juego al enemigo. De ahí que éste se alegre si en nuestras filas persiste el liberalismo. Por ser tal su naturaleza, no debe haber lugar para el liberalismo en las filas revolucionarias.

Debemos emplear el espíritu marxista, que es positivo, para superar el liberalismo, que es negativo. El comunista debe ser sincero y franco leal y activo, poner los intereses de la revolución por encima de su propia vida y subordinar sus intereses personales a los de 1a revolución; en todo momento y lugar ha de adherirse a los principios justos y luchar infatigablemente contra todas las ideas y acciones incorrectas, a fin de consolidar la vida colectiva del Partido y la ligazón de éste con las masas ha de preocuparse más por el Partido y las masas que por ningún individuo, y más por los demás que por sí mismo. Sólo una persona así es digna de llamarse comunista.

Todos los comunistas leales, francos, activos y honrados deben unirse para combatir las tendencias liberales, que cierta gente tiene, y encauzar a ésta por el camino correcto. He aquí una de nuestras tareas en el frente ideológico.

sábado, 8 de marzo de 2008

Bolívar y el Socialismo

Ricardo Adrián

Bolívar y el Socialismo

Debate a resolver por el Pueblo
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Cuando el presidente Chávez levantó por primera vez la bandera del socialismo, grande fue la revuelta que se armó a lo interno del proceso, por un lado, los oportunistas se reunían a pensar de qué forma podrían reacomodar sus intereses para con esta “nueva idea” del presidente, del otro lado, el pueblo y los movimientos revolucionarios entraban en un debate profundo para definir los rasgos característicos que debían ser expuestos acerca del socialismo del siglo 21 y el rumbo de la revolución bolivariana.

Esta tarea debió realizarse sin vanguardias organizadas, lo que ha producido confusiones en la adquisición de la idea revolucionaria, sin embargo, cuando los debates comenzaban a dar sus frutos, con el polémico tema de las invasiones y la propiedad privada de los medios de producción; más acá, desde lo interno del proceso venezolano, donde se da la batalla de la “revolución en la revolución” decretada por el mismo presidente en Agosto 2004, algunos oportunistas de los partidos tradicionales y hasta a lo interno de Miraflores, insertaron debates que tendían hacia la confusión del pueblo en el estudio del socialismo. Uno de los que más ha hecho daño en las bases populares, que hasta ha generado una parálisis en el incremento de la conciencia revolucionaria, es el debate: “bolivarianismo o socialismo, lo nuestro o lo de afuera, Venezuela o la fracasada URSS”.

Con el argumento de que nuestra revolución es “sui generis” y que por lo tanto la discusión del socialismo debía tomar a Bolívar y la historia venezolana como “único antecedente”, se le aplicó al pueblo un chantaje que separa los valores patrióticos de la idea bolivariana, arraigados desde la educación de los venezolanos, de la idea científica liberadora expuesta por Carlos Marx, bajo el pretexto de que este último no tenía nada que ver con nuestra tradición de luchas y cultura. Este chantaje debe ser desnudado, y desde acá un pequeño aporte.

Si Bolívar, “el gran héroe americano” hubiese nacido, supongamos en 1883 en vez de 1783 y se hubiese cumplido la promesa de Neruda (Bolívar despierta cada 100 años cuando despiertan los pueblos), la historia de América completa y la historia de la humanidad hubiese sido distinta; lo más seguro es que la causa de Bolívar hubiese triunfado en el siglo XX afincada en las teorías marxistas, al igual que Lenin lo hizo en 1917. Esta causa bolivariana que es la misma de la de los pueblos derrotados por el capitalismo, hijo del mercantilismo aquél que enfrentó a Bolívar; esta causa que trató el hecho de la liberación de la esclavitud y la instauración de un régimen de gobierno inspirado en la justicia que pueda ser capaz de dar a sus ciudadanos la mayor suma de felicidad posible. ¿Acaso no hablamos de socialismo?, ¿acaso no fue esta la idea que pudo haber derrotado las ambiciones de la nueva oligarquía, que nació con la independencia de nuestras naciones? (Páez, Santander, entre otros máximos representantes de la traición).

Sin embargo, no cuestionamos ningún aspecto de la historia, porque el hombre precisamente es producto de los momentos históricos y como lo señaló Marx, de no haber sido definida y estudiada la economía y el sistema capitalista no hubiese surgido la propuesta del socialismo como hoy la conocemos, es decir, Bolívar como líder revolucionario nació en un tiempo donde la teoría revolucionaria sobre los procesos sociales y estructuras económicas era aún insuficientes.

A pesar de que Carlos Marx no tuvo una correcta información sobre Simón Bolívar, sin duda alguna, la empresa ejecutada por el libertador es un gran aporte para la comprensión futura y la ratificación práctica del marxismo como puente científico entre el sistema capitalista y el socialismo.

En primer lugar, deben ser citados los primeros fracasos teóricos del libertador en la conquista de la segunda república, donde expresa, justamente en el famoso decreto de guerra a muerte “españoles y canarios contad con la muerte aunque sean inocentes, venezolanos contad con la vida aunque sean culpables”. Esta proclama trataba de dividir al ejército español, que contaba con la ayuda incondicional y la colaboración de los venezolanos para su perpetuación en el poder; creía Bolívar que estaba ante una batalla de nacionalidades y a pesar de que venció en primera instancia y tomó el poder por poco tiempo, un caudillo español entendió, aunque para sus propios intereses, que la historia de la humanidad es la lucha de clases; entonces les habló a los llaneros, a los presos, a los esclavos para hacer una insurrección contra “los blancos criollos” liderizados por Bolívar; Fue Boves este caudillo, que le propinó contundentes derrotas militares y políticas al libertador.

Al reflexionar Bolívar sobre la causa de sus constantes derrotas, entendió que debía luchar también por devolverle los derechos a los esclavos, a los llaneros, entonces se llenó profundamente de la experiencia libertadora de Haití, donde obtuvo los recursos económicos y militares para la guerra de independencia y se internó en los llanos, conoció la pobreza y cambió su estrategia para siempre. Ya no se trataba sólo de liberar a los americanos del yugo español, sino también de fundar repúblicas donde reinara la justicia y la libertad para todos los ciudadanos.

Así Bolívar se ponía al frente de un ejército clasista revolucionario y triunfó en la batalla de Boyacá y luego en Carabobo. Así al entender el escenario de la lucha de clases (basamento del marxismo), fue como entendió el nuevo carácter de la revolución, y concluyó que la misma debía adquirir el carácter continental (como lo señaló el Che Guevara) y libertó a Ecuador, triunfó en Junin, Sucre hizo lo mismo en Ayacucho para culminar la liberación de Perú y el alto Perú (hoy Bolivia) e inclusive se confrontó con Santander, el entonces vicepresidente encargado de Cundinamarca, acerca de la necesidad de extender la revolución en una carta de solicitud de tropas y recursos para la expedición continental. En esa carta escribía: “Hay un buen comercio entre usted y yo; usted me manda especies (recursos en armas y hombres desde Colombia) y yo le mando esperanzas… Lo presente ya pasó, lo futuro es la propiedad del hombre, pues éste siempre vive lanzado en la región de las ilusiones… pesemos un poco lo que usted me da y lo que yo le envío. ¿Cree usted que la paz se puede comprar con las minas de cundinamarca?“ (se refería a que sólo con las riquezas de las arcas de Cundinamarca, hoy Colombia, no era posible la victoria del proyecto bolivariano)

Y a pesar de que la práctica de Bolívar ratifica las teorías marxistas, cuando concluyó la primera etapa de los triunfos de la revolución continental y se vio en la necesidad de construir ese régimen de gobierno que le daría la mayor suma de felicidad posible a nuestros pueblos. El “Inventamos o erramos” fue la gran oportunidad para que los traidores no le dieran más oportunidad de errar y fue así como la carencia de esa teoría derrumbó el proyecto de Bolívar.

El libertador, que fue formado por un socialista utópico como Simón Rodríguez, fue también un socialista empírico. Su legado, hoy reivindicado por nuestro proceso revolucionario, es y debe ser ejemplo de nuestro pueblo, pero en nada el ideario bolivariano fue nacionalista, en nada se contrapone al sistema socialista, ni a su estado planificador y popular, ni tampoco podemos concluir que es antagónico a las teorías marxistas.

El Che dijo alguna vez “Este tipo de lucha nos da la oportunidad de convertirnos en revolucionarios, el escalón más alto de la especie humana, pero también nos permite graduarnos de hombres y mujeres; los que no puedan alcanzar ninguno de estos dos estadíos deben decirlo y abandonar la lucha”.

Detectemos las posturas contrarrevolucionarias a lo interno de nuestro proceso y trabajemos duro para la construcción que nos espera con los labios preparados y dispuestos para entonar el ¡Viva el ideario de Bolívar! y la corriente Marxista-Bolivariana, hoy y siempre